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Libro: "Una mañana de julio"

Libro: "Una mañana de julio" Cuentos para no olvidar 
Editado por Comisión Memoria Ilustrada del Foro de Ilustradores y Espacio Arte AMIA

Aquí mi ilustración del cuento "Preguntas" de Canela










Ilustración expuesta en el Centro Cultural Recoleta en la muestra del Foro de Ilustradores
Preguntas

                                                                        A Marta Schneider

-¿También vos fuiste pequeña bobe?-
Oh…si pero hace tanto tiempo tiempo
-¿Y tu bobe, también contaba cuentos?

A ver…estábamos tristes, encerrados,
en un lugar muy gris con mucho miedo.

Ella me recordaba los colores de afuera
Mientras cosía en su abrigo gastado
una estrella amarilla

El azul del lino florecido,
el verde de la gramilla
las cerezas de a dos
para colgar su rojo en las orejas

Yo me sentaba a su lado
imaginando lo que no sabía
soñando que podría
correr por esos prados.

No tenía estos libros que nos hablan
De lobos feroces en la nieve
Y princesas encerradas en su torre

Me cuenta esto mi bobe
con una voz tibia y redonda
que acaricia el final del largo día.
¡Ahora a dormir, taiere einikl
tengo preparar para mañana
Vareniques de de papa.
Con cebollitas doradas.

No hubo mañana.
Para tantos, para mi.
El mundo se volvió gris.

A las nueve
Después del desayuno dijo:
-Voy a la Amia-.
Me gustaba la palabra
Amia – amiga – mía
Siempre iba a hacer algo
Y volvía muy contenta
De ese mundo cercano
que le pertenecía

No regresó la bobe al mediodía

Un estallido feroz de tantos lobos,
un estruendo de torre que caía
afuera de los cuentos.

Gritos, gritos y sirenas
gente llena de polvo que trepaba
sin creer lo que veía
una montaña de pena
abrazos lágrimas y lágrimas.

Tardé en saber
Mi bobe ya no volvería

Esos ojos azules con aguïta
Esas manos que amasaban Kijalaj
con semillas de amapola
Esa voz redonda y mía
No volvería

Pasaron muchos años
sin justicia
No se si puedo perdonar
Ij ob keinem nicht faint
No se si entiendo

Pasará y pasará el tiempo
Cuando mis hijos me den nietos
¿Podré yo repetir historias,
con aquellos colores de la elter bobe?
Encerrada con su einikl
tan pequeñita
en un lugar muy gris.

Me duele el corazón cuando recuerdo
me pregunto porqué y no encuentro
no encuentro respuestas.

Si estuvieras aquí
Bobe querida

¿Vos que dirias?

                                                      Canela




Libro "Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt" 10 textos ilustrados por 280 artistas

Aquí se publicaron las ilustraciones de la Muestra que se realizó en el Centro Cultural Recoleta en febrero del 2012.
 



Me tocó ilustrar el texto "Me acuerdo de Don Esteban"

El libro fue editado por la Comisión Arlt del Foro de Ilustradores con el apoyo del Fondo Metropolitano de la Cultura, las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura del GCBA.



Me acuerdo de Don Esteban

Hace una purreteada de días que tengo ganas de escribir sobre Don Esteban; y siempre aplazando el tema.
No sé si vive o ha muerto. Tendría cincuenta años cuando yo tenía siete.
En verano e invierno usaba siempre camiseta de franela. Estaba "quebrado". Sabía yo que aquello era una          enfermedad, y suponía que la quebradura de don Esteban debía estar en el lugar donde se fajaba, pues este lombardo gastaba una faja negra que daba varias vueltas a su robusto corpazo, y un sombrero abollado con el ala sombreándole la frente.
Se dedicaba a labores agrícolas; siempre andaba ensarmentando las parras o podando los durazneros.
El campo le tiraba. Desaparecía de tiempo en tiempo, y de sus desapariciones sólo llegaba yo a saber que estaba en Haedo, en una chacra de Haedo.
Y tanto oí hablar de ese Haedo, que Haedo era para mi imaginación infantil, lo que las columnas de Hércules para los hombres de la antigüedad. El límite del mundo conocido.

Lo que hacía
Don Esteban hacía de todo. En su casa tenía parras, y podaba las parras; recolectaba la uva, compraba "pasas" y en unos toneles grandotes fabricaba un vino "casero"; un vinillo dulzón y diabólicamente embriagador, pues recuerdo que una tarde me recosté bajo la espita y comencé a beber hasta que se me infló el estómago, y luego salí viendo, en visiones, un montón de macanas. Luego, para desemborracharme, me dieron una soberbia paliza.
Don Esteban era aficionado a cebar pavos; y en el rincón del gallinero tenía una
conejera. Fumaba en pipa, y cuando se le rompía la bolsa de tabaco, fabricaba otra con
una vejiga de cerdo. Además, fabricaba excelentes boquillas con las patas de una liebre.

Más actividades
No se conformaba con ésto. Cuidaba un terreno que daba a espaldas de una fábrica, y la lonja de tierra estaba maravillosamente sembrada. Las rayas de cebollas alternaban con las de repollos; la lechuga con la espinaca. En un rincón, ocultas de la visión de los inspectores municipales, había un plantel de plantas de tabaco, por las que circulaban unos hediondísimos insectos verdes; y luego un gran espacio completamente
consagrado al orégano, y cierto arbusto aromático que él cortaba por la raíz y en grandes manojos lo vendía en una carnicería que estaba junto al corralón.

Silencio
Cuando había terminado de trajinar la tierra, don Esteban se sentaba entre los altos tallos verdes de cebollas, y se quedaba mirando el cielo azul entre los claros de los
eucaliptos. No hablaba casi palabra.
Cuando yo y el hijo hacíamos excesivas burradas, volvía la cabeza y luego se sumergía en su meditación, mientras el agua corría lentamente a sus pies por los canales, cuya corriente orientaba con un poco de tierra que acumulaba con la pala.
¿Por qué me acuerdo de estos detalles? No sé. Pero a medida que pasan los años veo en don Esteban a un hombre de cuyo tipo existían muchos en esta ciudad en formación. Un semitipo de campo, es decir, un hombre de la orilla de la ciudad, donde ralean las casas y comienzan las quintas (...)
Y sobre todas las cosas, un enamorado de la vida rural. Me acuerdo que en aquella época el litro de vino valía nueve centavos, sin embargo, él fabricaba su vino, y lo cataba con religiosidad, como si fuera la sangre viva de la tierra. Casi me atrevería a
jurar que ese hombre, que no sabía leer ni escribir, fue el primer poeta verdadero que he
conocido.

                                                                                                                                                            Roberto Arlt

LIBRO DE LAS COLECTIVIDADES

Les muestro con alegría, la ilustración publicada en el hermosísimo libro  de las colectividades en el que tuve la suerte de participar.

El cuento que ilustré fue "Amona Blasi y su cachorrito", que es una adaptación de un cuento enviado por la colectividad vasca para el proyecto.





 Fue realizado por la Dirección General de Relaciones Institucionales del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a partir  de cuentos, historias, leyendas y canciones de 50 colectividades que conviven en la ciudad.



Libro: La Maga Inés



Les presento el libro de La Maga Inés, de Mercedes Pérez Sabbi
con ilustraciones hechas por mí

La Maga en el atril